Firmar un contrato es algo cotidiano: alquilar un piso, contratar a un empleado, cerrar un acuerdo con un proveedor o incluso formalizar un préstamo entre particulares. Sin embargo, detrás de un documento aparentemente simple pueden esconderse errores legales graves que, con el tiempo, generan conflictos, pérdidas económicas o incluso demandas judiciales.
Redactar un contrato no consiste en copiar un modelo de Internet y rellenar espacios. Cada acuerdo tiene particularidades que deben reflejarse con precisión y claridad. En este artículo te explicamos los errores más comunes al redactar un contrato y cómo evitarlos para garantizar la seguridad jurídica de ambas partes.
1. No definir con claridad las partes del contrato
Parece obvio, pero uno de los fallos más frecuentes es no identificar correctamente a las partes que intervienen en el contrato.
Un simple error en el nombre, NIF o domicilio puede invalidar cláusulas o dificultar la ejecución del contrato en caso de conflicto. Además, en las empresas, es esencial dejar claro quién firma en nombre de quién y con qué poderes.
Cómo evitarlo:
- Verifica siempre la identidad y capacidad legal de las partes (personas físicas o jurídicas).
- Incluye nombre completo, NIF/CIF, domicilio y condición legal (por ejemplo, “en representación de la empresa X, en calidad de administrador”).
- Si es una empresa extranjera, comprueba su registro mercantil o equivalente.
2. Usar modelos genéricos de Internet
Otro error habitual es copiar y pegar plantillas sin adaptarlas al caso concreto. Aunque pueda parecer una forma rápida de ahorrar tiempo o dinero, un modelo genérico no tiene en cuenta las particularidades de cada relación contractual.
Por ejemplo, un contrato de arrendamiento descargado en línea puede no contemplar los plazos, garantías o condiciones específicas que exige la ley vigente, o incluso incluir cláusulas nulas.
Cómo evitarlo:
- Utiliza modelos solo como referencia, nunca como texto definitivo.
- Ajusta el contenido a la legislación vigente y a la realidad de tu acuerdo.
- Ante cualquier duda, consulta con un abogado especializado en contratos. Lo que parece un gasto inicial puede ahorrarte mucho más en el futuro.
3. Falta de precisión en el objeto del contrato
El “objeto” es la razón de ser del contrato, lo que una parte se compromete a hacer o entregar y la otra a pagar o cumplir.
Cuando este punto se redacta de manera ambigua o incompleta, surgen los problemas: interpretaciones diferentes, incumplimientos y, en última instancia, litigios.
Cómo evitarlo:
- Describe el objeto de forma concreta, medible y verificable.
- Si se trata de un servicio, indica claramente qué incluye y qué no.
- Si se trata de un bien, detalla cantidad, características, estado, plazo de entrega, etc.
- Añade anexos o especificaciones técnicas cuando sea necesario.
La claridad es la mejor aliada para prevenir malentendidos.
4. No establecer plazos ni condiciones de entrega
Muchos contratos omiten o dejan en el aire los plazos de cumplimiento, lo que provoca incertidumbre y conflictos.
Sin fechas concretas, una parte puede retrasar indefinidamente su obligación sin incurrir formalmente en incumplimiento.
Cómo evitarlo:
- Fija siempre plazos de ejecución, entrega o pago.
- Si es un proyecto a largo plazo, incluye un calendario o cronograma.
- Define las consecuencias del retraso (por ejemplo, penalizaciones o resolución del contrato).
Un contrato bien redactado debe permitir que ambas partes sepan exactamente cuándo y cómo deben cumplir.
5. No prever qué ocurre en caso de incumplimiento
Uno de los errores más costosos es no contemplar escenarios negativos. Muchos contratos no indican qué pasa si una de las partes no cumple lo pactado, lo que obliga a iniciar procedimientos judiciales largos y costosos.
Cómo evitarlo:
- Incluye una cláusula de incumplimiento con consecuencias claras: penalizaciones, intereses, resolución del contrato o indemnización.
- Determina el plazo para subsanar el incumplimiento antes de aplicar sanciones.
- Prevé un método de resolución de conflictos, como mediación o arbitraje, para evitar acudir directamente a los tribunales.
Prever los problemas no es pesimismo: es profesionalidad.
6. Redacción ambigua o contradictoria
Un error común —y a menudo involuntario— es usar términos vagos, frases imprecisas o cláusulas contradictorias.
Expresiones como “según se acuerde más adelante”, “a discreción del proveedor” o “lo habitual en el mercado” dejan espacio para interpretaciones opuestas.
Cómo evitarlo:
- Usa un lenguaje claro, directo y coherente.
- Evita tecnicismos innecesarios si no se explican adecuadamente.
- Revisa el contrato completo para detectar contradicciones entre cláusulas.
- Pide siempre una segunda lectura a un abogado o colega para detectar ambigüedades.
Recuerda: lo que no está escrito de forma precisa no existe jurídicamente.
7. No incluir cláusulas de confidencialidad o protección de datos
En la era digital, muchos contratos implican el intercambio de información sensible: datos personales, estrategias empresariales, listas de clientes o precios.
Omitir una cláusula de confidencialidad o protección de datos puede tener consecuencias legales y reputacionales graves.
Cómo evitarlo:
- Incluye siempre una cláusula de confidencialidad si se comparten datos o documentos internos.
- Si se manejan datos personales, asegúrate de cumplir el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la legislación española.
- Define la duración del deber de confidencialidad y las sanciones en caso de incumplimiento.
8. No prever la finalización o rescisión del contrato
Todo contrato tiene un inicio, pero también debe tener un final previsto.
No indicar las causas o el procedimiento para rescindirlo puede dejarte atado a una relación contractual que ya no te conviene.
Cómo evitarlo:
- Establece las causas objetivas de terminación (por incumplimiento, mutuo acuerdo, fuerza mayor, etc.).
- Indica cómo debe comunicarse la rescisión (por escrito, con X días de antelación).
- Añade una cláusula de prórroga o renovación automática, si procede, y los requisitos para evitarla.
9. Omitir la jurisdicción o ley aplicable
En los contratos entre empresas o personas de distintas provincias o países, es esencial determinar qué ley se aplica y ante qué tribunal se resolverán los conflictos.
No hacerlo puede complicar enormemente cualquier litigio.
Cómo evitarlo:
- Indica claramente la ley aplicable (por ejemplo, “el presente contrato se regirá por la legislación española”).
- Especifica la jurisdicción competente (tribunales de Madrid, Barcelona, etc.).
- Si hay partes extranjeras, considera incluir una cláusula de arbitraje internacional.
10. No revisar el contrato antes de firmar
El último error —y quizá el más común— es firmar sin revisar a fondo. La confianza es importante, pero no sustituye la diligencia.
Una simple omisión o una palabra mal colocada puede tener un impacto legal enorme.
Cómo evitarlo:
- Lee todo el contrato con calma, incluso las “letras pequeñas”.
- Pide aclaraciones de todo lo que no entiendas.
- Si el contrato es complejo, solicita la revisión de un abogado.
- Conserva siempre una copia firmada por ambas partes.
Conclusión: un contrato bien redactado es tu mejor defensa
Un contrato no es solo un papel que formaliza una relación: es una herramienta de prevención de conflictos.
Los errores más comunes al redactarlo suelen deberse a la prisa, la falta de asesoramiento o el uso de modelos inadecuados.
La clave está en anticipar los riesgos, usar un lenguaje claro y contar con la revisión de un profesional.
En definitiva, un buen contrato protege tanto como un buen abogado. Si necesitas asesoramiento para redactar, revisar o actualizar tus contratos, contar con un despacho especializado puede ahorrarte problemas, dinero y preocupaciones a largo plazo.